
El principal cuestionamiento que surge de la definición de Trabajo Social como una profesión, es acerca de la connotación disciplinaria que posee en sí misma. Entendiendo disciplina como: (Del lat. disciplina).1. f. doctrina, instrucción de una persona, especialmente en lo moral.2. f. Arte, facultad o ciencia.[1] Es posible identificar una dimensión científica en el quehacer profesional de los(as) trabajadores(as) sociales. Cuando se hace referencia a esta dimensión, se apela a un aspecto de gran importancia en la profesión, que en ocasiones se ha visto opacado por diversos factores que influyen en las labores concretas que realizan los(as) profesionales. Esto se pone en tela de juicio especialmente en el período conocido como la Reconceptualización del Trabajo Social. Así nos referimos a la producción de conocimiento que se genera a partir de la práctica y que constituye la base de variados métodos que se utilizan en el ámbito profesional, tales como la Sistematización (por algunos entendida como toma de conciencia de las propias acciones). Sin embargo estos métodos no han sido suficientes para dar cuenta de las investigaciones posibles de realizar por trabajadores(as) sociales y que se han supeditado a las ciencias sociales, como lo plantea Aguayo: “Al referirnos a las profesiones, estamos haciendo clara alusión a aquellas que mantienen un contacto diario con las personas, que se hacen en el cara a cara, que se desenvuelven en medio de contradicciones sociales, donde el ejercicio profesional ha permitido construir conocimientos, desarrollar habilidades y destrezas, hacer opciones valorativas y políticas, además de técnicas y metodologías […] Las profesiones prácticas son los eslabones que unen una civilización con su vida diaria y como tal a la vida cotidiana y al hombre común (Friedson, 1970, p.86) […] Los(as) profesionales prácticos(as) son mediadores-capacidad de actuar en las fronteras-entre el debate epistemológico-metodológico y el ético-político. Las prácticas profesionales contienen parte de este debate, el que no ha sido desentrañado ni cuestionado adecuadamente. Más bien se ha tendido a asumir las ciencias sociales de acuerdo a las coyunturas políticas vigentes con una falta de criticidad de estas mismas. Por lo que mismo son las ciencias positivas las que han impregnado casi la totalidad del discurso profesional […] En las profesiones modernas existen elementos centrales que vinculan estrechamente el quehacer de las ciencias, las instituciones formadoras y el mercado […] Las profesiones adhieren a ciertos paradigmas de las ciencias sociales, lo que les permite dar cuenta del tipo de conocimiento por el que optan, los métodos y técnicas utilizadas.”[2] Tomando en consideración lo anteriormente expuesto, la autora propone adoptar desde la práctica un nuevo lenguaje a partir de lo intersubjetivo, que permita pronunciar las prácticas sociales.
En la reconceptualización es posible visualizar un aspecto relativo a la dimensión científica del trabajo social, y es aquí preciso distinguir la otros aspectos que posee el quehacer profesional, tales como la dimensión tecnológica y artística (lo que constituye una forma específica de definir la profesión, como una composición tripartita que se ve regulada por la epistemología, lo ético-político y la estética, respectivamente).
La Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Costa Rica, plantea una propuesta interesante acerca de este concepto, << (…) Como su nombre lo indica, a lo que fue un rico Movimiento que se dio al interior de nuestra profesión, cual fue el de la “Reconceptualización del Trabajo Social Latinoamericano”. Ni “etapa”, ni “modelo”, ni “proceso” ni, menos que menos “paradigma” profesional, sino exactamente lo antes dicho: Movimiento, en coexistencia temporal (no armónica por cierto) con otras líneas y propuestas tales como la tradicional-conservadora de tipo “asistencialista-paliativa”, la del Servicio Social “tecnocrático-desarrollista” y, especialmente, con una que significó graves equívocos y confusiones (buscadas, por cierto, por sectores interesados que la impulsaban) que es la de “actualización” profesional que, en no pocos casos, la autodenominaron –con ese propósito confusionista precisamente- también como “reconceptualización”.>> [3]
Así como consideramos esta caracterización del trabajo social como disciplina, supeditada a las ciencias sociales, también podemos señalar otros elementos distintivos que conforman la identidad del trabajo social, y a partir de estas determinaciones, establecer rasgos característicos de la acción profesional frente a nuevos panoramas que se avecinan en un contexto como lo es el Neoliberalismo a nivel mundial y las consecuencias que ello implica para nuestro continente latinoamericano. Encontramos dentro de dichas determinantes, la praxis, en tanto reflexión-acción que se lleva a cabo en la práctica. Conjuntamente, ésta última se aborda desde la interdisciplinariedad y la multidisciplinariedad. Y entre otros elementos, identificamos la creatividad para llevar a cabo la gestión de programas relativos a las políticas sociales en función de las necesidades de las personas y aquí está, desde mi parecer, el mayor desafío de los(as) trabajadores(as) sociales, de brindar a los sujetos las herramientas necesarias para el empoderamiento de su propia realidad, como sujetos partícipes de la transformación de dicha realidad. Para lo cual, es necesaria una contextualización de los sujetos y reconstrucción de los escenarios, principalmente políticos y sociales en que deberemos desenvolvernos próximamente. “En este sistema, la persona deja de ser un sujeto activo y responsable, (sujeto no sujetado), para pasar a ser un usuario de prestaciones legales, en el que ha perdido su dimensión humana, es decir su conciencia y la plena responsabilidad de su existencia y de su historia.
En este sentido los servicios sociales constituyen un sistema deshumanizado y altamente burocratizado orientado al control social y la contención social.” [4]
Esta afirmación da cuenta del trabajo pendiente como trabajadoras (es) sociales, en que nos encontramos con sujetos pasivos frente a las circunstancias en que se ven envueltos(as) en su diario vivir, y que no toman partes en la resolución de eventuales conflictos. Tomar conciencia de nuestra propia existencia y resistencia al sistema imperante, resulta uno de los primeros pasos para el desarrollo profesional fructífero desde ambas partes: de los sujetos y los(as) profesionales que de esta forma se hace posible la creación de métodos y/o metodologías en que aflore la disciplina, el saber teórico-práctico desde y hacia la reproducción de conocimiento aplicable a la realidad cotidiana.
Referencias:
[1] DISCIPLINA, En: Real Academia española. Diccionario de la lengua española, vigésimo segunda edición.[Consulta: 16 de diciembre 2008] Disponible en: http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=disciplina
[2] AGUAYO, Cecilia. Aportes teóricos y epistemológicos en la constitución de las profesiones modernas. En: Las profesiones modernas, dilemas del conocimiento y del poder. Editorial UTEM, 2006.
[3] SURÁ, boletín electrónico. La reconceptualización de puño y letra. En: De la reconceptualización al trabajo social crítico. [consulta: 20 diciembre de 2008] Disponible en: http://www.ts.ucr.ac.cr/reco-03.htm
[4] DIÉGUEZ, Alberto José. La Cuestión Social Hoy. ¿Tiene futuro el Trabajo Social de hoy? ¿Qué futuro buscamos? En: Boletín electrónico SURA, De la reconceptualización al trabajo social crítico: Hacia el Trabajo Social crítico y propositivo. Congreso Nacional de Trabajo Social Mar del Plata, 2004. [consulta: 21 diciembre 2008]. Disponible en: http://www.ts.ucr.ac.cr/html/reconceptualizacion/reco-06.htm.
