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martes, 23 de diciembre de 2008

Identidad del Trabajo Social en el futuro próximo. Aproximaciones hacia los nuevos sujetos y escenarios sociales.


El principal cuestionamiento que surge de la definición de Trabajo Social como una profesión, es acerca de la connotación disciplinaria que posee en sí misma. Entendiendo disciplina como: (Del lat. disciplina).1. f. doctrina, instrucción de una persona, especialmente en lo moral.2. f. Arte, facultad o ciencia.[1] Es posible identificar una dimensión científica en el quehacer profesional de los(as) trabajadores(as) sociales. Cuando se hace referencia a esta dimensión, se apela a un aspecto de gran importancia en la profesión, que en ocasiones se ha visto opacado por diversos factores que influyen en las labores concretas que realizan los(as) profesionales. Esto se pone en tela de juicio especialmente en el período conocido como la Reconceptualización del Trabajo Social. Así nos referimos a la producción de conocimiento que se genera a partir de la práctica y que constituye la base de variados métodos que se utilizan en el ámbito profesional, tales como la Sistematización (por algunos entendida como toma de conciencia de las propias acciones). Sin embargo estos métodos no han sido suficientes para dar cuenta de las investigaciones posibles de realizar por trabajadores(as) sociales y que se han supeditado a las ciencias sociales, como lo plantea Aguayo: “Al referirnos a las profesiones, estamos haciendo clara alusión a aquellas que mantienen un contacto diario con las personas, que se hacen en el cara a cara, que se desenvuelven en medio de contradicciones sociales, donde el ejercicio profesional ha permitido construir conocimientos, desarrollar habilidades y destrezas, hacer opciones valorativas y políticas, además de técnicas y metodologías […] Las profesiones prácticas son los eslabones que unen una civilización con su vida diaria y como tal a la vida cotidiana y al hombre común (Friedson, 1970, p.86) […] Los(as) profesionales prácticos(as) son mediadores-capacidad de actuar en las fronteras-entre el debate epistemológico-metodológico y el ético-político. Las prácticas profesionales contienen parte de este debate, el que no ha sido desentrañado ni cuestionado adecuadamente. Más bien se ha tendido a asumir las ciencias sociales de acuerdo a las coyunturas políticas vigentes con una falta de criticidad de estas mismas. Por lo que mismo son las ciencias positivas las que han impregnado casi la totalidad del discurso profesional […] En las profesiones modernas existen elementos centrales que vinculan estrechamente el quehacer de las ciencias, las instituciones formadoras y el mercado […] Las profesiones adhieren a ciertos paradigmas de las ciencias sociales, lo que les permite dar cuenta del tipo de conocimiento por el que optan, los métodos y técnicas utilizadas.”[2] Tomando en consideración lo anteriormente expuesto, la autora propone adoptar desde la práctica un nuevo lenguaje a partir de lo intersubjetivo, que permita pronunciar las prácticas sociales.
En la reconceptualización es posible visualizar un aspecto relativo a la dimensión científica del trabajo social, y es aquí preciso distinguir la otros aspectos que posee el quehacer profesional, tales como la dimensión tecnológica y artística (lo que constituye una forma específica de definir la profesión, como una composición tripartita que se ve regulada por la epistemología, lo ético-político y la estética, respectivamente).
La Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Costa Rica, plantea una propuesta interesante acerca de este concepto, << (…) Como su nombre lo indica, a lo que fue un rico Movimiento que se dio al interior de nuestra profesión, cual fue el de la “Reconceptualización del Trabajo Social Latinoamericano”. Ni “etapa”, ni “modelo”, ni “proceso” ni, menos que menos “paradigma” profesional, sino exactamente lo antes dicho: Movimiento, en coexistencia temporal (no armónica por cierto) con otras líneas y propuestas tales como la tradicional-conservadora de tipo “asistencialista-paliativa”, la del Servicio Social “tecnocrático-desarrollista” y, especialmente, con una que significó graves equívocos y confusiones (buscadas, por cierto, por sectores interesados que la impulsaban) que es la de “actualización” profesional que, en no pocos casos, la autodenominaron –con ese propósito confusionista precisamente- también como “reconceptualización”.>>
[3]
Así como consideramos esta caracterización del trabajo social como disciplina, supeditada a las ciencias sociales, también podemos señalar otros elementos distintivos que conforman la identidad del trabajo social, y a partir de estas determinaciones, establecer rasgos característicos de la acción profesional frente a nuevos panoramas que se avecinan en un contexto como lo es el Neoliberalismo a nivel mundial y las consecuencias que ello implica para nuestro continente latinoamericano. Encontramos dentro de dichas determinantes, la praxis, en tanto reflexión-acción que se lleva a cabo en la práctica. Conjuntamente, ésta última se aborda desde la interdisciplinariedad y la multidisciplinariedad. Y entre otros elementos, identificamos la creatividad para llevar a cabo la gestión de programas relativos a las políticas sociales en función de las necesidades de las personas y aquí está, desde mi parecer, el mayor desafío de los(as) trabajadores(as) sociales, de brindar a los sujetos las herramientas necesarias para el empoderamiento de su propia realidad, como sujetos partícipes de la transformación de dicha realidad. Para lo cual, es necesaria una contextualización de los sujetos y reconstrucción de los escenarios, principalmente políticos y sociales en que deberemos desenvolvernos próximamente. “En este sistema, la persona deja de ser un sujeto activo y responsable, (sujeto no sujetado), para pasar a ser un usuario de prestaciones legales, en el que ha perdido su dimensión humana, es decir su conciencia y la plena responsabilidad de su existencia y de su historia.
En este sentido los servicios sociales constituyen un sistema deshumanizado y altamente burocratizado orientado al control social y la contención social.”
[4]

Esta afirmación da cuenta del trabajo pendiente como trabajadoras (es) sociales, en que nos encontramos con sujetos pasivos frente a las circunstancias en que se ven envueltos(as) en su diario vivir, y que no toman partes en la resolución de eventuales conflictos. Tomar conciencia de nuestra propia existencia y resistencia al sistema imperante, resulta uno de los primeros pasos para el desarrollo profesional fructífero desde ambas partes: de los sujetos y los(as) profesionales que de esta forma se hace posible la creación de métodos y/o metodologías en que aflore la disciplina, el saber teórico-práctico desde y hacia la reproducción de conocimiento aplicable a la realidad cotidiana.



Referencias:

[1] DISCIPLINA, En: Real Academia española. Diccionario de la lengua española, vigésimo segunda edición.[Consulta: 16 de diciembre 2008] Disponible en: http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=disciplina
[2] AGUAYO, Cecilia. Aportes teóricos y epistemológicos en la constitución de las profesiones modernas. En: Las profesiones modernas, dilemas del conocimiento y del poder. Editorial UTEM, 2006.
[3] SURÁ, boletín electrónico. La reconceptualización de puño y letra. En: De la reconceptualización al trabajo social crítico. [consulta: 20 diciembre de 2008] Disponible en: http://www.ts.ucr.ac.cr/reco-03.htm
[4] DIÉGUEZ, Alberto José. La Cuestión Social Hoy. ¿Tiene futuro el Trabajo Social de hoy? ¿Qué futuro buscamos? En: Boletín electrónico SURA, De la reconceptualización al trabajo social crítico: Hacia el Trabajo Social crítico y propositivo. Congreso Nacional de Trabajo Social Mar del Plata, 2004. [consulta: 21 diciembre 2008]. Disponible en: http://www.ts.ucr.ac.cr/html/reconceptualizacion/reco-06.htm.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Chile hacia el bicentenario. Una mirada desde el fenómeno de la Movilidad Social.


Cuando nos referimos al concepto de Movilidad Social, también estamos aludiendo a la noción de Progreso. La relación que podemos establecer sobre ambas instancias, lleva consigo un fundamento histórico, que hace alusión al proceso conocido como Modernidad. El paso de la época Medieval hacia una nueva etapa en la historia, la época Moderna, implica un cambio en la concepción de los seres humanos acerca de su existencia, por lo que le sigue como consecuencia el establecimiento de un nuevo orden en la sociedad, de carácter político, religioso, social y económico. Es así como las diversas manifestaciones artísticas y culturales van a dar cuenta de aquel proceso de cambio por el que atraviesa la humanidad y lo podemos ver evidenciado en las figuras presentes en las obras de los artistas de la época, que hasta ese momento se caracterizaban principalmente por poseer un componente religioso, el cual va a disiparse paulatinamente, siendo reemplazado por figuras de tipo antropomórficas. Este fenómeno, es uno de los tantos que nos dan cuenta de las características que tiene esta transformación en la sociedad, el cual imprime en todas sus manifestaciones, la presencia de la razón ante cualquier aspecto de la vida humana, desde lo más cotidiano hasta lo más complejo. Es en este proceso donde, a partir de la noción de progreso, surge la complejización de las relaciones económicas y de poder en la sociedad. El nuevo orden social se manifiesta en el surgimiento de nuevos grupos, nuevas clases sociales que apuntan al rompimiento del antiguo orden feudal, donde las relaciones entre las personas estaban dadas por una significación divina, aferrada a las tradiciones, como lo era la herencia. Es por eso que a través de éste conjunto de factores que influyen en la nueva constitución de la sociedad moderna, se inicia un proceso en el que los grupos humanos existentes, adoptan nuevos criterios por los cuales van a orientar sus conductas. La importancia que se le otorga al ser humano en sí mismo, permite que la dirección por la cual se guía a la sociedad sea el progreso, a través del cual las personas pueden alcanzar su desarrollo, basado principalmente en la autonomía, característica que va a determinar que personas que se encontraban sometidas a un régimen donde el dominio de la tierra era el factor que confería el poder por sobre las personas que no poseían éste factor. Dichas personas cumplían una función específica, inamovible y carente de valor remunerado. Es por eso que el poder se encontraba disperso, situación que va a cambiar, para convertirse en un poder de carácter unificador, de alguna manera en contraste con los nuevos tipos de relaciones humanas, de tipo individualistas. Con la división del trabajo, la industrialización y con ello la especialización, la clase social que va a tener el poder ya no es la dueña de la tierra, sino la dueña de los medios de producción, y hacemos alusión a una perspectiva de tipo marxista, no obstante cualquier análisis que se haga respecto este proceso, independiente de su tendencia, coincide de cierta forma con este surgimiento de la burguesía como clase social incipiente e influyente.
De este modo, es como de una movilidad social nula (en la época medieval), la sociedad se ve involucrada en un cambio hacia un sistema donde la movilidad social es un fenómeno flexible, es decir, las personas insertas dentro de un grupo social, aspiran, y aún más, logran ascender o descender en la escala social, constituida por clases que ya no basan su existencia, necesariamente en un factor hereditario, divino, inamovible. Estos escalafones son accesibles para la persona que se haga parte una identidad, ya sea con las clases existentes, o bien las incipientes, producto del cambio en las relaciones económicas.
El proceso antes descrito, se ubica dentro del marco contextual de Europa, sin embargo, Latinoamérica también lo vive, de una forma tardía, como consecuencia de la colonización en el territorio y por consiguiente la formación de los estado-naciones en nuestro continente.
El concepto de movilidad social, deja de ser una concepción teórica para convertirse en un fenómeno, cuando se manifiesta concretamente en la sociedad, por medio de las relaciones entre las personas, especialmente en su condición de seres colectivos pertenecientes a una clase social determinada. Este fenómeno se ve condicionado por diversos factores, tales como la educación; el ingreso familiar; las políticas sociales; la discriminación; etc., los cuales llevan a que la movilidad social tenga relación directa con problemáticas como la pobreza. La pertenencia de un individuo o de un grupo familiar a una determinada clase social, indica su condición socioeconómica, a través de la cual se puede determinar sus posibilidades de “movilidad” hacia un grupo en el que no se encuentra actualmente. Por ende, el posicionamiento de las personas en un nuevo grupo social, será la consecuencia de un cambio, principalmente en el ingreso monetario que percibe, lo que en una persona que se encuentra en condición de pobreza, significa en un eventual caso, la superación de ésta. De acuerdo a los planteamientos de Barber con respecto a la estratificación social, este posicionamiento tiene directa relación con las funciones diferenciadas que están cumpliendo los individuos que pertenecen a un sistema social, necesaria e inevitablemente estratificado, donde es posible la existencia de una movilidad social de tipo horizontal y otra de tipo vertical.
Con respecto a la situación que viven los países del mundo a través del tiempo y en la actualidad, este fenómeno (de la movilidad social) da cuenta de las condiciones en las que se encuentra un determinado país, con respecto a las posibilidades que encuentran los individuos de mejorar su condición socioeconómica. Es decir, es posible afirmar que las personas determinan su calidad y condiciones de vida a partir del nivel de movilidad social que existe en su país, lo que se traduce principalmente en la igualdad de oportunidades.
En Chile, éste fenómeno posee también un trasfondo histórico, que entre otras causas, se encuentran los diferentes períodos por los que ha atravesado el país, en cuanto a los grupos que han tenido el poder, marcados por diversas tendencias de la mano de proyectos políticos específicos. Es así como se han constituido diversas clases sociales, que responden a los procesos que ha vivido el país, como lo son las clases pobres, producto de las crisis, tales como la del salitre en los años ’20. La clase alta que hereda una tradición desde la formación del estado-nación en Chile. Por último, cabe mencionar a la clase media, que es aquél grupo que nos permite identificar con claridad la movilidad social que existe en nuestro país, ya que surge a partir de éste fenómeno, que en pocas palabras podríamos afirmar que es aquella clase que no es pobre pues logra salir de esa condición, a través de factores como la educación, pero no logra ser parte de un estrato socioeconómico alto, puesto que no posee los medios para hacerlo.
A través de variados estudios, como lo son las encuestas realizadas en nuestro país, se pone de manifiesto la percepción que tienen las personas con respecto a la realidad en la que viven, lo que a la luz del Bicentenario que nuestro país conmemorará en el año 2010, permite hacer proyecciones en cuanto a la movilidad social de nuestro país. Los resultados de dichos estudios, imprimen percepciones positivas acerca de la posibilidad de acceso a un nivel de vida mejor. Sin embargo cabe cuestionarse, los criterios en que se basa la población y las personas que realizan los estudios, para establecer estándares de calidad de vida. Es aquí donde juega un papel muy importante el actual sistema Neoliberal en el que se encuentra sumido nuestro país, en tanto la conciencia de las personas se basa en valores que tienen que ver con el individualismo, donde su calidad de vida está determinada por la cantidad de bienes a los que pueden acceder. Una sociedad marcada por el consumismo y estudios de movilidad social basados netamente en el nivel de educación, en relación a los ingresos económicos de las personas, no puede ser un referente para plantear proyecciones positivas hacia un futuro cercano como lo es el año en que Chile cumple 200 años de existencia como nación. Sin embargo, un alto porcentaje de la población expresa percibir una mejoría en su calidad de vida, un mayor acceso a la educación, lo que por muchos es interpretado como un aumento en la igualdad de oportunidades.
De cara a las elecciones presidenciales, que tienen como referente las pasadas elecciones municipales, donde la tendencia es hacia sectores de derecha, decayendo en su popularidad coaliciones de izquierda como los son la concertación, es posible vaticinar que el candidato con mayores posibilidades de ocupar el sillón presidencial sea Sebastián Piñera. Esta tendencia deja ver el descontento de las personas con la gestión de los pasados gobiernos que no han sabido sobrellevar los problemas que aquejan a la sociedad chilena, pero ¿Es la solución a aquellos problemas, un gobierno de derecha? Lo más probable, es que se dejen de lado las políticas sociales, ya que la principal preocupación, de un gobierno que implanta como principal sistema, el Neoliberal en su máxima expresión (ya que actualmente, este sistema prima en lo económico, sin embargo posee elementos provenientes de tendencias izquierdistas que conservan aún un dejo social en sus programas de gobierno), es apuntar hacia el desarrollo económico, influenciado por políticas globales, provenientes de potencias como Estados Unidos, que no consideran en sus programas, la realidad local de los países latinoamericanos.
Ante esta situación, cabe plantearnos ciertas interrogantes, ¿Ante la situación anteriormente referida, es posible augurar un aumento en la movilidad social hacia el 2010?, ¿De qué manera ha influido la labor de los trabajadores sociales en esta percepción “mejoría” en la calidad de vida de las personas?, ¿Cuál es la futura labor que deberán desempeñar los trabajadores sociales, ante un potencial gobierno de derecha? Sin duda que la labor de los trabajadores sociales juega un rol muy importante en la atención a las problemáticas que aquejan a la sociedad. Sin embargo, ante un potencial gobierno de derecha, el escenario en el que se desenvuelven inevitablemente va a cambiar, ya que los objetivos de los grupos que se encontrarán en el poder, estarán basados en lineamientos que se alejan de las políticas sociales, por lo que habrá menos recursos para el desempeño de dicha labor. Aunque a partir de los estudios realizados, se puede predecir que aumentará la movilidad social, la futura labor de los trabajadores sociales está en cuestión, puesto que no se condice con este cambio (que también podríamos caracterizar como una ruptura) en las relaciones y prácticas sociales dentro de la sociedad.
Aunque el universo de votantes no corresponde a la totalidad de los habitantes de nuestro país (de hecho constituye aproximadamente 1/5 de la población), se hace necesario crear conciencia sobre la real situación en que se encuentra nuestro planeta y nuestro país, donde temas como los medioambientales son dejados de lado, y no están siendo considerados como posibles condicionantes de nuestra vida en la Tierra. Sin embargo esta situación no se determina simplemente por un voto, va más allá y es ahí donde los trabajadores sociales deben cuestionarse y replantearse su accionar, de aquí al bicentenario y muchos años más, donde es posible identificar el escenario en el que nos encontraremos y de acuerdo a éste, establecer medidas y buscar los medios para afrontar los conflictos que se presentarán.


miércoles, 29 de octubre de 2008

Tomando Conciencia

Lo que voy a contar
en este día
es nada más un poco
de mi vida
soy hijo de este tiempo
sin colores
que no dejo volar mis ilusiones
Soy uno de esos jóvenes pendientes
eterno buscador de algún presente
ayer era después o bien la muerte
hoy me dicen que espere
que sea paciente.
En el mercado libre soy vacante
y sepan que no fui mal estudiante
pero más fuerte fue la economía
la urgencia de tener para comida.
Soy, de los que por soñar
que esto pueda cambiar
busco motivar vida para crear...